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Posts Tagged ‘Watchmen’

Con Watchmen pretendo iniciar un ciclo sobre adaptaciones para analizar y comparar las obras originales y las reinterpretaciones que se les den en otros medios. En este caso, hablamos del paso de un cómic a una película, pero lo mismo podría ser de una novela a una serie de televisión, de un videojuego a una película (o de una película a un videojuego), o cualquier tipo de adaptación teatral. Existen muchas maneras de transportar obras de un medio a otro, y creo que puede ser interesante hacer hincapié en las similitudes y las diferencias a la hora de valorar la calidad de la adaptación.

La adaptación al cine de Watchmen se estuvo barajando prácticamente desde su publicación, pero finalmente se llevó a cabo en 2009. No se puede hablar de más obras que adapten el cómic en cuestión, a menos que incluya el Watchmen Motion Comic, que realmente no es más que la transposición literal del cómic a una pantalla, o el desastroso videojuego del que es casi mejor no hablar.

Quis custodiet ipsos custodes? (¿Quién vigilará a los vigilantes?)
-Juvenal, Sátiras, VI, 347

EL CÓMIC

Desde su publicación, entre 1986 y 1987, Watchmen ha sido considerado casi unánimemente como uno de los mejores comics de la historia, si no directamente el mejor. Ganó premios que solían concederse sólo a obras puramente literarias (como el Hugo) e incluso ha sido el único cómic que ha entrado recientemente en la lista de las 100 mejores novelas desde 1923 de la revista TIME. Pero, ¿por qué ha causado tanto revuelo? ¿Qué es lo que lo convierte en una obra tan excepcional?

Salvando las distancias, la premisa de Watchmen es similar a la del Quijote, pero en un ámbito distinto. Si la obra de Cervantes desfiguraba y daba una vuelta de tuerca irónica y realista al mundo de las novelas de caballerías, la obra de Moore busca hacer algo similar con el universo de los superhéroes. En este caso, el humor, aunque presente, no es el hilo conductor, pero las intenciones de Moore van mucho más allá de esta sencilla premisa para crear lo que suele conocerse como una “novela total”, en esto también, igual que hiciera Cervantes (aunque, insisto, salvando las distancias).

Si los comics de superhéroes siempre fueron estereotipados, maniqueos, políticamente correctos y distantes en tanto que limpios y relativamente superficiales, la obra que escribió Alan Moore, con la ayuda de los diseños de Dave Gibbons, tomaba este punto de partida para darle una vuelta radical. El mundo de los Minutemen, es decir, de los héroes enmascarados del pasado en Watchmen, se corresponde con una lucha contra el crimen organizado que parece acercarse más al estilo de los superhéroes clásicos, vistos de lejos. Pero en el mundo de Watchmen, la sociedad ha acabado repudiando el poder de los Vigilantes, cuya actividad ha terminado, en su mayoría, ilegalizada.
Les vemos desde fuera como iconos impecables, después les vemos desde fuera como iconos demonizados, pero a medida que avanza la obra, les vemos por dentro y encontramos mucho más que personalidades conflictivas. Encontramos un retrato del mundo moderno, de ideas de poder contrapuestas y de todo tipo de conceptos universales magistralmente hilados para crear una historia que funciona como un reloj.

Watchmen es una “novela total” por su afán totalizador, por su retrato realista de las inquietudes de la sociedad de su tiempo y por las ideas filosóficas, científicas, políticas, psicológicas, sociológicas y, en definitiva, humanas, que se desarrollan en profundidad mientras avanza la historia. La estructura es innovadora e impecable, tanto en el desarrollo de los acontecimientos, y la disposición de líneas argumentales (saltos temporales y narración simultánea de hechos con puntos en común que adquieren nuevas dimensiones), como en su narrativa visual, aparentemente más seca, realista y sistemática de lo normal, supeditada a las ideas tratadas y no a un esteticismo gratuito (se repiten signos visuales que se convierten en símbolos y adquieren nuevos significados en circunstancias distintas).

Es una historia de superhéroes, pero también una obra de ciencia-ficción ucrónica, una historia de misterio, el retrato de una paranoia conspiratoria, la materialización fantástica del conflicto político de la Guerra Fría, una historia apocalíptica, un ejercicio de metaficción y un retrato crudo a distintos niveles de las angustias del mundo moderno. Todo ello maravillosamente hilado a través de una factura artística deslumbrante y un desarrollo argumental perfectamente dosificado a lo largo de doce tomos compactos que van desgranando las numerosas capas de la cebolla, las complejas y significativas personalidades de los protagonistas, y los nudos de la trama que manejan una difícil tensión en un desarrollo que no pierde el interés hasta su impresionante final.

ADAPTAR WATCHMEN

El proyecto de adaptación cinematográfica de Watchmen empezó en manos de la Fox, que le propuso a Alan Moore la escritura del guión. Moore lo rechazó, y tras los intentos de Sam Hamm sobre el papel, Fox quiso venderlo. Finalmente acabó presentándose a Warner Bros. Por aquel entonces, el famoso productor Joel Silver estaba detrás de todo.

El primer acercamiento a una adaptación se produjo a principios de los noventa, con Terry Gilliam a la cabeza. Gilliam, que es famoso por tener mala suerte en lo que se refiere a la producción de sus proyectos, se encontró con un presupuesto insuficiente a la hora de llevarlo adelante. Además, pidió reescribir el guión para acercarlo al original, y entre tantas dudas acabó preguntándole a Alan Moore cómo creía que debería enfocar la adaptación, a lo cual Moore respondió que él directamente no lo haría. Esto convenció aún más a Terry Gilliam, a quien más tarde se le volvió a ofrecer dirigirla en mejores condiciones, y respondió que, pensándolo bien, Watchmen era imposible de rodar, y si acaso tendría que convertirse en una miniserie de cinco horas para mantener plenamente la esencia del original.

El siguiente intento se produjo a principios de la década pasada y tiene como protagonista a David Hayter.
Hayter era actor, doblador y guionista. Es el responsable del guión de X-Men y X-Men 2, pero es especialmente famoso por ponerle voz a Solid Snake, el protagonista de la saga de videojuegos Metal Gear Solid. Aparte de este currículum dispar, Hayter estuvo a punto de escribir y dirigir personalmente Watchmen (al final quedó sólo como co-guionista). Su guión desplazaba la historia a los años dos mil, y sustituía la Guerra Fría por la paranoia posterior al 11 de septiembre. El resultado llegó a manos de Alan Moore, quien insistió en que su cómic era imposible de adaptar, a pesar de lo cual consideraba que el guión de David Hayter era lo más parecido a Watchmen que podía imaginar en una pantalla. Por desgracia, tras varios intentos, el proyecto se abandonó.

Después de esto, Paramount intentó producirla con Darren Aronofsky como director y el guión de David Hayter. Más tarde, Aronofsky fue sustituído por Paul Greengrass, hasta que Paramount desistió y vendió el proyecto.

La película, finalmente, la llevó adelante Warner Bros., que pese a las denuncias y juicios de la Fox, la produjo y la estrenó en 2009. El director fue Zack Snyder, y el guión tomó la versión de David Hayter como punto de partida, con modificaciones introducidas por Alex Tse, quien finalmente devolvió los acontecimientos al contexto de la Guerra Fría.

Ante esta nueva adaptación, Dave Gibbons y Alan Moore reaccionaron de formas muy distintas.
Gibbons apoyó el proyecto desde el principio, apreció el guión de Alex Tse, simpatizó con Zack Snyder e incluso le aconsejó durante la producción. Moore, por el contrario, que estaba dolido por el resultado de V de Vendetta, temía aún más lo que podría ocurrir con Watchmen, y continuó rechazando participar de ninguna manera en la adaptación (incluso pidió que no se utilizase su nombre). Tras la elección de Zack Snyder como director, Moore desautorizó el proyecto aún con más firmeza. Había visto la bochornosa 300 y concluyó que Snyder, como director, no sólo no había ocultado o reducido los enormes defectos del sobrevalorado cómic original de Frank Miller (ignorancia histórica, racismo, homofobia y, en especial, estupidez), sino que los había magnificado. En consecuencia con esta postura, Moore insistió, en todo caso, en desvincularse totalmente del proyecto y renunciar a cualquier beneficio, además de lo cual se negó rotundamente a verla.

LA PELÍCULA DE ZACK SNYDER

Zack Snyder había cosechado un enorme éxito comercial con 300, una película desastrosa. A los defectos señalados por Alan Moore se añadían un metraje farragoso e interminable (con el añadido de una trama paralela en Esparta en la que prácticamente no ocurre nada), y una estética artificiosa, hortera y petulante. Pero, a decir verdad, el cómic es casi idéntico, y de la misma manera, ésta fue precisamente la mayor virtud y el mayor defecto de Watchmen: la literalidad.

Tal y como advirtió Dave Gibbons al conocer a Zack Snyder, el director estaba entusiasmado con el proyecto y francamente interesado en crear una obra plenamente fiel al original. De hecho, Snyder rechazó el cambio de contexto histórico propuesto por David Hayter (que tenía, aparentemente, un relativo visto bueno de Alan Moore) y procuró acercarse lo más posible al cómic, incluso respetando muchos de los detalles que aparecen en un segundo plano. El resultado tuvo una duración previsiblemente rechazada por la productora, que quedó relegada a la edición en DVD de Watchmen: Ultimate Cut (que no llegó a Europa) y fue reducida en el montaje para salas de cine. Pasó de 215 minutos a 162, por lo que, aun así, sigue siendo una película considerablemente larga.

Una de las pérdidas más importantes del montaje definitivo es, asimismo, uno de los elementos de los que resulta más fácil prescindir: el cómic dentro del cómic, que cuenta la truculenta y fantasmagórica historia de un náufrago. Este relato se incluyó en el Ultimate Cut en fragmentos de animación que traspasan acertadamente la metaficción de Watchmen, que imagina los comics que significativamente se leerían en un mundo en el que los superhéroes son algo cotidiano, y que además sirve de contrapunto de a pie para la historia principal de conflictos de poder, con la que establece diversos paralelismos.

Por lo demás, la historia está contada casi punto por punto, narrada con pleno conocimiento de causa, y no en base a una lectura superficial, sino articulando una narración coherente y consciente del significado de la obra original. El resultado no puede distar más del de 300 (pese a que eventualmente se utilizan ciertos recursos artificiosos en escenas de violencia que, aun así, son puntuales y desentonan menos).

La gran virtud de Watchmen radica en su parecido a la obra original, y se refleja en el hecho de que suele gustar especialmente a aquellos que han leído el cómic. Esto casi nunca ocurre, y demuestra el enorme respeto que se ha tenido por la obra de Moore y Gibbons. La estética, el argumento, el tratamiento de ciertos temas y la peculiar atmósfera, inteligencia y complejidad del original se ven perfectamente reflejados en el largometraje.
Además existen momentos verdaderamente memorables, como los títulos de crédito iniciales, que resumen el pasado reflejado en los apéndices de Watchmen, a través de momentos históricos del siglo veinte estadounidense, o los recuerdos del Dr. Manhattan, desordenados por su visión distante y no lineal de los acontecimientos.

A pesar de todo, el resultado no es perfecto, y uno de sus fallos principales es también su fidelidad al original. Watchmen no fue concebido para ser rodado, ni siquiera para ser consumido del tirón, y por tanto su estructura no se adecúa a la estructura propia de un largometraje, con su principio, nudo y desenlace. Si bien es cierto que una película no necesita ese esquema cerrado para funcionar, su esquema ha de estar diseñado, en cualquier caso, para ajustarse a una duración determinada. Watchmen se escribió en doce tomos pensados como doce unidades que conforman una unidad mayor. La progresión de la historia, sin pausas, a lo largo de una película, se ve perjudicada por la disposición consecutiva de episodios cerrados que poseen una estructura interna imposible de traspasar a un crescendo general. De esta manera, la película no mantiene plenamente la tensión, la espectación y la emoción a lo largo de sus 162 minutos (y menos a lo largo de 215). Por eso arranca magistralmente, pero el ritmo se reduce hasta volverse plano.

Otro de los elementos que perjudican a la adaptación de Watchmen es, salvo en contadas excepciones, la música. El afán de encajar canciones famosas es tan insistente que acaba por sacarnos momentáneamente de la película. Si los guiños musicales se hubiesen reducido a dos o tres, el resultado habría sido fantástico, pero son tantísimos que cada vez que escuchamos una canción fácilmente reconocible, ya nos estamos preguntando cuál será la siguiente. Dentro de esta avalancha de clásicos musicales, algunos casos son particularmente vergonzosos mientras que otros son verdaderamente fantásticos.
Entre los tropiezos, podemos encontrar la demasiado evidente elección de la Cabalgata de las valquirias aplicada, por enésima vez desde Apocalypse Now, a la Guerra de Vietnam. Otros casos pueden resultar irritantes por haber sido escogidos con ironía, como ocurre con el Hallelujah de Leonard Cohen, aplicado a una escena de sexo innecesariamente explícita, y en consecuencia algo ridícula.
Con todo, existen otras elecciones muy acertadas. En especial, dos. La primera es The Times They Are a-Changin’ de Bob Dylan, que ilustra a la perfección los significativos créditos iniciales, a modo de recorrido por la historia reciente de Estados Unidos. La canción ya era mencionada en el cómic original, y en este caso cobra aún más sentido. La segunda elección que conviene recalcar es la especialmente apropiada música de Philip Glass para la película Koyaanisqatsi ilustrando los recuerdos del Dr. Manhattan. No se me ocurre música mejor para este extraordinario fragmento, que adapta fielmente uno de los tomos más memorables del cómic y contribuye a transmitir la percepción científica, analítica y distante que el personaje tiene del espacio-tiempo.
Como último apunte al tema de la música, otra de las grandes elecciones de Watchmen se quedó sólo en el trailer: The Beginning Is the End Is the Beginning, de los Smashing Pumpkins, un tema idóneo para el espíritu y la atmósfera de la obra.

Por último, uno de los momentos clave en cuanto a cambios es el desenlace, cuyas diferencias con el original tienen igualmente un lado bueno y un lado malo.
El cambio más fácilmente apreciable reside en el engaño de Ozymandias. Para evitar la guerra nuclear, éste comprende que las dos superpotencias sólo se unirán si aparece un enemigo común (como sentenciaba el terrible juez Holden de Meridiano de sangre: “Lo que une a los hombres no es compartir el pan sino los enemigos”). Ozymandias concluye que, para crear una amenaza compartida, ha de provocar un genocidio, matar a millones de personas para que el mundo se tome el asunto en serio. En el cómic lo hace fingiendo un ataque alienígena, lo cual funciona a la perfección sobre el papel, pero en pantalla podría resultar chocante, además de lo cual se necesitaría más tiempo para dar explicaciones. La alternativa propuesta en su momento por David Hayter y mantenida en la versión de Zack Snyder fue culpar al Dr. Manhattan, algo que simplifica los hechos y se ajusta a las variables manejadas durante la película. Este cambio es, por tanto, un gran acierto.

Por el contrario, algunos detalles del final perjudican a los personajes. Hasta la resolución de los acontecimientos, todos habían estado bien perfilados en general (salvo quizá Ozymandias, por la falta de carisma de Mathew Goode). El problema es que, ante las explicaciones de Ozymandias y el terrible dilema moral que presentan (sabemos fehacientemente que la barbaridad que sólo él ha querido llevar adelante es la única posibilidad de evitar el Apocalipsis), no todos reaccionan igual que en el cómic, y esto perjudica a su retrato psicológico.
Cada personaje tiene unas ideas filosóficas y políticas totalmente distintas que, en el cómic, son inteligentemente retratadas como un conjunto de virtudes y defectos extremos. Por esta razón, resulta incómodo descubrir que es prácticamente imposible sentirse plenamente identificado con cualquiera de ellos, pues las situaciones en las que se ven envueltos les obligan a tomar decisiones que, como lectores, nos resultan incómodas en tanto que son defectos escandalosos en personajes agradables o virtudes excepcionales en personajes despreciables. Ninguno se salva. Todos tienen una parte buena que ningún otro tiene y todos tienen una parte terriblemente mala.
Cada personaje tiene una postura ideológica muy definida y diferenciada. El Comediante, que muere al empezar la historia, es un personaje tremendamente radical, con cuyo recuerdo se miden todos los demás. Su fantasma impregna la obra de una ironía amarga y un nihilismo omnipresente. Su retrato en la película es impecable, al igual que el del Dr. Manhattan (puro determinismo, distante y científico) y el de Rorschach (pleno absolutismo moral, visión del mundo en blanco y negro, y juicio firme).
Ante el plan de Ozymandias, sabemos por el recuerdo de Moloch que el Comediante quedó aterrorizado. Consecuentemente, el Dr. Manhattan lo comprende fríamente, sin juzgarlo, y Rorschach resulta ser el único que se opone a guardar silencio, enfrentándose a la situación con valor, y sin renunciar a sus estrictos principios (todos los personajes son, de principio a fin, totalmente consecuentes). Hasta dicho momento, Rorschach había sido retratado como un personaje oscuro, frustrado, tremendamente violento e intransigente. A Alan Moore le extrañaba, de hecho, que hubiese tantos lectores que simpatizaban con un personaje tan repugnante como éste.
Por su parte, Ozymandias, que hasta entonces no había sido del todo definido ideológicamente, demuestra ser totalmente partidario del consecuencialismo.

Volviendo al final de la película, todo lo dicho hasta ahora fue retratado a la perfección. El problema está en Espectro de Seda y Búho Nocturno. Los detalles que voy a puntualizar ahora pueden parecer nimios, pero en realidad son decisivos para el cómic.
Laurie y Dan actúan igual que en el cómic hasta que se demuestra que el plan ha funcionado y se habla de guardar silencio (aunque Dan suena quizá algo más condescendiente en el papel). Después, en la obra original, Laurie se escabulle del tema, horrorizada, y no da una respuesta directa. El Búho Nocturno, en cambio, accede alicaído a guardar el secreto. Al verlo, Rorschach se escandaliza y huye, dispuesto a contarlo todo. El Dr. Manhattan le mata, a solas. Mientras, Laurie y Dan se quedan solos, porque, según dice Dan, necesitan pensar con tranquilidad:

Escucha, vamos a buscar un lugar tranquilo, lejos de estas luces. Necesitamos pensar, hablar…

Laurie empieza desesperadamente a hilar temas hasta cerrarse a lo personal y sentimental, hablando, por ejemplo, de lo que pudiera opinar Jon sobre que estuvieran juntos. Dan, en la misma línea, se desentiende de lo que ocurre simultáneamente con los demás, y se refugia consolando a Laurie, con quien acaba acostándose. Esto da lugar a que, al mismo tiempo, el Dr. Mahattan y Ozymandias tengan una interesante conversación, donde Ozymandias le pregunta si cree que hizo lo correcto, pues al final todo salió bien, a lo cual el Dr. Manhattan responde: “Nada termina, Adrian. Nada termina nunca”.
Estos hechos muestran dos cosas: que Espectro de Seda (que es pura inteligencia emocional) se ve nublada por impresiones tan fuertes y se siente incapaz de tomar decisiones fríamente, y que Búho Nocturno (que es el ejemplo perfecto de relativismo moral) a la hora de la verdad es un cobarde, y prefiere escaquearse de un conflicto ético tan serio cuando las partes opuestas se muestran tan duras y extremas en sus posturas.
En la película, por el contrario, ninguno de los dos se resigna ante Ozymandias, y Dan no llega a admitir que acepta su propuesta. En lugar de eso, corre tras Rorschach y lamenta dramáticamente su muerte. Tras esto, vuelve adentro y pega furiosamente a Ozymandias para ponerle en su sitio, ante lo cual, Laurie le defiende con seriedad. Este cambio, desgraciadamente, omite los defectos lógicos de los personajes y les convierte en lo que no deberían ser: los “buenos” de la película.

En definitiva, se puede decir, a grandes rasgos, que la película de Zack Snyder es, salvo por determinados detalles, prácticamente lo mejor que podría hacerse para adaptar fielmente Watchmen al cine. Una película cuanto menos admirable, respetuosa, inteligente, acertada en su atmósfera y sus temas, y poseedora de varios momentos brillantes. Lamentablemente, el cómic no fue pensado para convertirse en cine, y la fidelidad de la adaptación hace que inevitablemente salga perdiendo por comparación, y parezca más bien un hábil complemento audiovisual a la lectura de la obra original.
Respecto a esto, Alan Moore, que a día de hoy no ha dicho si vio o no vio la película de 2009, dijo en cierta ocasión:

Mi libro es un cómic. No una película, ni una novela. Un cómic. Ha sido creado de cierta manera y diseñado para ser leído de cierta manera: en un sillón cómodo, junto al fuego, con una taza de café humeante.

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